Si usted estrenó carro en los últimos cinco años, es muy probable que bajo el capó tenga un motor turbocargado. Son eficientes, potentes y divertidos, pero exigen un hábito que casi nadie practica.
Siempre, al terminar su recorrido, es necesario esperar antes de girar la llave. Ignorar este detalle no solo acorta la vida de su motor, sino que prepara una factura de reparación de siete cifras.
La tendencia actual de la industria es clara: motores más pequeños con la ayuda de un turbocompresor para cumplir con las normas ambientales sin perder potencia ni rendimiento. Sin embargo, muchos conductores operan estos vehículos como si fueran los motores aspirados de antes. El error más común ocurre al llegar al destino, estacionar y apagar el motor de inmediato.
¿Por qué este gesto, aparentemente inofensivo, es el peor enemigo de un turbo?
Para entender el riesgo, hay que entender el esfuerzo. El turbo utiliza los gases de escape (que están a temperaturas altísimas) para girar una turbina y meter más aire al motor. Mientras usted conduce en carretera o sube una pendiente, el turbo puede girar a más de 150,000 rpm y ponerse, literalmente, al rojo vivo.
El aceite del motor es el encargado de lubricar ese eje y, lo más importante, de refrigerarlo. Mientras el motor está encendido, el aceite fluye y retira el calor.
El problema surge cuando usted apaga el motor de golpe después de una exigencia. En ese instante, la bomba de aceite se detiene y el flujo se corta. El aceite que quedó atrapado dentro del turbo ardiente se queda quieto y se "cocina".
Este aceite quemado se carboniza y crea pequeñas costras sólidas. Con el tiempo, estos residuos actúan como una lija sobre el eje del turbo, desgastando los sellos y provocando fugas de aceite o, en el peor de los casos, la ruptura total de la pieza. Un turbo nuevo para un carro familiar puede costar, dependiendo de la marca, entre 5 y 12 millones de pesos.
La solución: el minuto de la paciencia
La solución es tan simple como gratuita: el ralentí. Si usted viene de conducir en autopista, subiendo una loma o incluso después de un tramo largo en ciudad, no apague el carro apenas se detenga.
Espere entre 30 y 60 segundos con el motor encendido antes de apagarlo. Este tiempo permite que el aceite siga circulando, bajando la temperatura del turbo a niveles seguros. Es un 'minuto de gracia' que le ahorrará años de vida a su motor.
Glosario para el ''Turboconsumidor''
No deje que el mecánico lo confunda; aquí le explicamos los términos clave:
• Turbocargador: Componente que aprovecha los gases de escape para comprimir aire y ganar potencia.
• Intercooler: Un radiador que enfría el aire que sale del turbo antes de que entre al motor (el aire frío es más denso y da más fuerza).
• Wastegate: Una válvula que libera el exceso de presión del turbo para que el motor no estalle. Es la que genera el famoso 'suspiro' en algunos carros.
• Eje de la turbina: La pieza central que gira a altísima velocidad y que depende exclusivamente de la calidad y el flujo del aceite.
• Turbo-Lag: Ese pequeño retraso que se siente entre que usted pisa el acelerador y el carro ''despega'' mientras el turbo toma velocidad.
Realidad preventiva
Tener un carro turbo no es un problema; es una ventaja tecnológica. Pero como toda tecnología de precisión, requiere cuidado. Si usted quiere que su vehículo llegue a los 100,000 kilómetros con el turbo intacto, empiece a practicar la paciencia del último minuto. Su turbo se lo agradecerá con potencia, y su bolsillo con tranquilidad.