El espontáneo nuestro de cada día...
La proliferación de pseudoespontáneos en todo tipo de eventos deportivos comienza a resultar realmente preocupante a la par que aburrida y en algunos casos como la F1, hasta peligrosa.
Para ser un buen espontáneo hay que cumplir al menos, con uno de estos dos requisitos. Uno de ellos pasa por no tener posibilidades económicas y tratar de mostrar las virtudes toreras que uno pueda llevar dentro. Pero claro, esos tiempos de penuria pasaron y ahora cualquier pinchaolivas se viste de luces a la mínima que tenga una oportunidad, quedando reservado ese rol en nuestra fiesta nacional a no se sabe bien que tipo de individuo con un trastorno de personalidad todavía no bien estudiado.
El otro tipo de espontáneo con mayúsculas y que no deja de tener su gracia es aquel que podemos ver saltar a los ruedos deportivos y cuya principal característica es la de mostrarnos sin ningún tipo de tapujos los rincones más ocultos de su personalidad, es decir, aquellos que aparecen en Wimbledon o en el Nou Camp en pelota picada.
Cuando vemos a uno de estos últimos aparecer por televisión lo normal es esbozar una sonrisa y rápidamente avisar a cualquier otro posible voyeur que tengamos rondando por nuestra casa para que también sea testigo de lo que en ocasiones resulta más divertido que el propio espectáculo que se está desarrollando.
Hasta aquí todo resulta más o menos normal e incluso se podría decir que aceptado por una sociedad que va evolucionando y que se adapta a todo tipo de fenómenos extraordinarios.
Lo que ya no es de recibo es que lo que hasta hace poco era un fenómeno simpático y aislado se esté convirtiendo en un acto de rigor durante todo tipo de eventos deportivos. ¿Qué pinta un espontáneo en un Valencia-Numancia o en un Betis-Atlético de Madrid?, me lo expliquen. Bueno, tampoco hay mucho que explicar, hoy día hay que ser famoso a toda costa y para ello es condición indispensable pasar por la televisión aunque sea corriendo, trotando, o simplemente rebuznando como en los programas del corazón prostituido.
El pseudoespontaneo nuestro, el de la F1, es incalificable.
En 2000 saltó un teutón a la pista de Hockenheim en plena recta creando una situación tan peligrosa e imprudente como ridícula. Sus motivos parece ser que tenía pero eso no son formas ni maneras de reivindicar un puesto de trabajo. Hay unos hombres jugándose la vida y si uno quiere hacerse notar que lo haga, pero como reza el dicho, los experimentos con gaseosa, o al menos que hubiese saltado en pelotas pero no en Hockenheim, sino en el torneo de tenis de Hamburgo que también lo televisan.
Alemania 2000.
En 2003 la cosa fue más ridícula si cabe. El famoso cura disfrazado de arlequín, de bufón o simplemente de si mismo apareció en Silverstone creando otra situación de grave peligro para los pilotos que por allí circulaban. Todo quedó en nada pero igualmente todo podía haber sido trágico, no lo olvidemos. Ese mismo cura o gilipollas, y perdón por lo de cura, fue el que privó a un atleta que durante años se había preparado para unas olimpiadas de conseguir un oro olímpico cuando marchaba líder en la maratón de Atenas, probablemente aquel día el pseudoespontaneo de marras le robó a otra persona el sueño de su vida.
Gran Bretaña 2003.
Siguiendo con la F1 hay que destacar otro personaje que comienza a ser fijo de los grandes eventos. Es el tipo que apareció en Montmeló durante la vuelta de reconocimiento y que al menos tuvo la “delicadeza” de hacerlo cuando menos peligro podía haber. La justificación no cabe por ningún lado y tras sus otras apariciones en la Eurocopa y en la final de la Davis su presencia comienza a resultar bastante aburrida, desagradable, patética y penosa. Desde aquí aplaudo la actitud de Luis Figo quien aguantó a este tipo y su mamarrachada en medio de una final en la cual iban perdiendo.
España 2004.
La conclusión es muy simple, a este tipo de pseudoespontáneos hay que penarles de una forma más severa, de lo contrario cualquier día tendremos que abrir un topic recordando a un piloto tras un grave accidente provocado por uno de estos insensatos.
La cosa no admite broma y un atropello en F1 puede resultar fatal como le sucedió a Tom Pryce en Sudáfrica 77, aunque lamentablemente aquello ocurrió por otras causas muy diferentes.
Esta noche toca fútbol y quien sabe, igual me da por saltar, aunque eso sí, en caso de hacerlo lo haré en pelotas, muleta en mano y durante el intermedio, que así al menos molestaré lo menos posible.