La historia del piloto español Alfonso de Portago bien podría parecer el guión de una pelicula de cine.
Creo que aunque el posteo es un poco largo resulta bastante ameno de leer y os lo recomiendo.
Alfonso de Portago.

Su tiempo en las pistas fue breve. Sin embargo, Don Alfonso Cabeza de Vaca y Leighton, Carvajal y Are, decimotercer Conde de la Majorada y decimoséptimo Marqués de Portago, dejó su huella dentro y fuera de las pistas del automovilismo mundial.
Temerario, aventurero, rico y fiel a sus instintos, "Fon" De Portago -entre otras cosas ahijado del rey Alfonso XIII de España- tuvo una extraordinaria educación, hablaba varios idiomas, era amante de la música, de la literatura, un gran espadachín y nadador. Parecía más bien un personaje sacado del Renacimiento que un piloto de autos.
Nacido en Londres (11 de octubre, 1928), de padre español -Antonio- y madre estadounidense -Olga Leighton-, Alfonso pasó parte de su infancia en Biarritz y de su adolescencia en distintos colegios europeos. Ya adulto, "Fon" De Portago decidió emigrar a Nueva York.
De su estadía en la Gran Manzana hay muchos cuentos, aunque pocos confirmados. Su lista de romances es extensa e incluye a más de una famosa modelo o actriz. Se cuenta que salió durante algún tiempo con Dorian Leight (una súper modelo del momento que luego tendría un supuesto romance con Charles Revson, padre de Peter, corredor de Fórmula Uno, y dueño de la fábrica Revlon). Años más tarde se lo relacionó con Linda Crystal (ex de Tyrone Power). Sin embargo, las historias son difíciles de confirmar y en muchas ocasiones, no pasan de ser rumores. Lo que sí es cierto es que era buen jugador de polo, que fue finalista olímpico de Bobsleigh, y que a los 17 años voló con un avión que apenas dominaba, bajo un puente, por ganarle una apuesta a un amigo.
En sus propias palabras
Su primer amor fue la hípica. "Corrí recientemente en Francia", explicó en una entrevista realizada en 1957 (*). "Fui el mejor jinete amateur por tres años consecutivos. Después dejé por algún tiempo, comencé a comer normalmente y aumenté 14 kilos. No podía perder el peso que necesitaba para regresar a las competencias hípicas, así que me retiré. Las carreras de autos no se me ocurrieron hasta el New York Motor Show al final de 1953. Luigi Chinetti, importador de Ferrari en Estados Unidos me preguntó si quería correr en la Carrera Panamericana, en México, pero lo que realmente quiso decir fue que yo estaría allí sentado mientras él manejaba. ¡Estaba muy asustado! Afortunadamente, el auto se rompió al segundo día. Pese a mi miedo, sin embargo, pensé que las carreras tenían charm así que me quedé".
Así, empezó a construir una leyenda que por regla general está más asociada a sus aventuras, locuras y hazañas, que a sus estadísticas como piloto de autos.
Acto seguido, compró una Ferrari y buscó dónde correrla. Harry Schell sugirió que se inscribieran juntos en los 1000 Kilómetros de Buenos Aires. A De Portago le pareció una buena idea y en vez de ir poco a poco, debutó, de una vez, en una prestigiosa carrera internacional de autos sport, válida para el Campeonato Mundial de la categoría.
Cruzaron el Océano y Schell insistió en clasificar y hacer la primera parte de la competencia. "El problema fue que Harry temía que yo frenara en las prácticas", explicada De Portago en la misma entrevista, recapitulando sobre su historia. "Así que no me dejó manejar. Él hizo la primera parte de la carrera, luego entró y me dijo: 'Bueno, ahora maneja tú'. Yo nunca había manejado un auto con caja de cambios manual antes...". Terminaron en segundo lugar.
Poco tiempo después, el 24 de julio de 1954, obtuvo su primer triunfo en Metz, conduciendo una Maserati y luego partió a las Bahamas donde entonces se organizaban las "Semanas Internacionales de Velocidad". Compitiendo con su Ferrari de inscripción privada, ganó el Governor's Trophy y quedó segundo en el Nassau International Trophy. Nada mal para un hombre que meses antes, no sabía cambiar las velocidades de su auto...
"En Buenos Aires tuvimos problemas con el clutch así que antes de Sebring, Harry pensó que debíamos ponerlo en partes (desarmarlo y volverlo a armar). Cuando lo armamos nos sobraron 53 pernos y tuercas y sabes qué, ¡en Sebring se rompió el eje trasero, no el clutch!".
Portago pensaba que una llamada de Don Enzo Ferrari sería cuestión de tiempo. Sin embargo, Don Enzo no quiso contratarlo para su escudería de Fórmula Uno y le vendió un auto con el que el español debutó en una carrera no válida. Buena parte de esa temporada, la perdió, no obstante, recuperándose de un accidente que tuvo en el International Trophy, en Silverstone, en el que se rompió una pierna.
Nuevamente con una Ferrari, en 1956, De Portago compitió por fin en pruebas válidas para el Mundial de Fórmula Uno. De las carreras en las que tomó parte -Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia-, fue en la pista inglesa de Silverstone dónde obtuvo su mejor resultado al cruzar la meta en segundo lugar tras el argentino Juan Manuel Fangio. Al final de la temporada De Portago había sumado tres puntos y se ubicaba en la decimoquinta posición del Mundial.
"Con De Portago", dijo en una ocasión Don Enzo Ferrari, "no había tal cosa como retirarse en las dificultades. Luego del accidente en Silverstone, su ambición era aún mayor. Era una especie de increíble gitano, con cabello largo y una vieja chaqueta de cuero. No hay duda que impresionaba a las mujeres, porque era alto y apuesto. Pero queda claro en mi mente que fue su caballerosidad la que siempre emergió de esa cruda apariencia que cultivaba. Un buen corredor".
La chaqueta de cuero formaba parte de una estrategia, poco clara, que tenía como finalidad parecer pobre cuando no lo era. Phil Hill (Campeón Mundial de F1 en 1961) recuerda que aquella ropa y una barba de cuatro días, solían engañar a todos hasta que entregaba su tarjeta personal con la dirección de su casa en París.
De Portago reconocía que los autos no le importaban mucho. "Para mí, un auto significa que voy del punto A al punto B, o es algo para correr. Diría que la mitad de los pilotos tienen algún conocimiento técnico y la otra mitad -en la que me incluyo-, no tienen ninguno. Si quiero aterrorizar a los mecánicos me acerco con un destornillador al auto".
"Tengo un complejo con Fangio y Moss", dijo en otra parte de la entrevista. "Puedo ser capaz de pasarlos, pero no puedo estar tras ellos sin salirme de pista. Es perfectamente factible seguirlos, pero si tengo que guiarlos -pongamos el ejemplo, si gustas-, entonces es fácil para mi perder mis puntos de frenada y así... De hecho, cuando adelanto a alguien como Stirling (Moss) pienso: 'Esto si que es peculiar, qué pasará con su auto".
"Quiero ser campeón, por supuesto, pero suceda lo que suceda me retiraré a los 35 años de edad. Hay tantas otras cosas que quiero hacer y si viviera cien años no habría tiempo para una veintena de ellas, para tener todas las relaciones que quiero tener, oír toda la música que deseo oír y leer todos los libros que quiero leer. No tengo tiempo que perder".
"No creo que un piloto de autos sea necesariamente un hombre valiente, tanto como un hombre que no tiene miedo. Seiscientos años atrás, o algo así, supongo que habría estado matando dragones y rescatando doncellas caídas en desgracia. Pero hoy en día el único hombre que puede salvar doncellas en desgracia es un doctor".
En medio de su filosofía de desafío, de celebración a la vida y de amorios, Alfonso De Portago, con sus 28 años a cuestas compitió en las Mil Millas, una carrera que no le gustaba particularmente. Sobre el final, cuando marchaba cuarto, se dio cuenta que la carrocería de su auto estaba rozando con un neumático. En un punto de chequeo los mecánicos trataron de asistirlo pero él les hizo ademanes para que se aparataran y lo dejaran seguir. Unos kilómetros después, cerca de la Villa de Guidizzolo, el neumático explotó. De Portago, su copiloto -Ed Nelson- y once espectadores, fallecieron en el accidente.
Ese 12 de mayo de 1957, hace 45 años, fallecieron también las famosas Mil Millas.
"Todos los pilotos piensan que no les ocurrirá a ellos. Pero yo sé, que no me sucederá a mí". Alfonso De Portago, 1928-1957.
Fuente: Media Racing Inc.
Portago con su famosa chaqueta de cuero.

Curiosidad sobre su mejor resultado.
En el G.P. de Gran Bretaña de 1956 obtuvo su mejor resultado en F1.
Tuvo que ceder su Ferrari a Collins cuando marchaba tercero quien finalizó segundo y compartió puntos con Alfonso.
Sin embargo Portago a su vez se subió en el coche de Castellotti que había abandonado y lo condujo hasta la meta.
Eso si, esperó fumando un cigarrillo hasta que se dio el banderazo y entonces empujó el Ferrari hasta la linea de llegada.
Así pues, figura clasificado 2º y 10º en ese G.P.
Subiendo al coche abandonado por Castellotti.
Portago empujado su "segundo" D50 hasta la meta.
