por Bandini » Mar Abr 06, 2004 9:28 pm
El GP de Europa de 1997 (circuito de Jerez) pasó a los anales de la historia por el encontronazo entre J. Villeneuve y M. Schumacher y que supuso una severa sanción para el hoy séxtuple campeón y el título para el canadiense.
Sin embargo, lo traigo no por la carrera en si, sino por el histórico dato y jamás repetido del triple empate que se produjo en la parrilla de salida entre, precisamente, los tres pilotos que encabezaban el mundial y las circunstancias que lo rodearon
Villeneuve, Schumacher y Frentzen hicieron en entrenamientos “exactamente” idéntico tiempo, a la milésima: 1,21,072.
El dato se presentó como algo histórico y el sumun de la emoción. No cabía mas igualdad de cara al desenlace del campeonato que se dilucidaba entre Villeneuve y Schumacher. Nunca, desde que se controlaba electrónicamente el tiempo de los GP se había dado semejante situación: Tres pilotos en el mismo tiempo igualados hasta en la misma milésima. Y, ¡o el azar! esos tres pilotos eran, precisamente, los tres primeros clasificados del campeonato. Hubo quien sospechó de algo raro en semejante coincidencia, pero los tres tiempos se dieron por buenos.
La pole se le adjudicó al primero de los pilotos que había obtenido el tiempo, Villeneuve, tiempo seguidamente clavado por Schumacher, y después por Frentzen, que en ese orden se ubicaron en la parrilla.
Sin embargo, una vez que pasó el GP y se analizaron los datos, no solamente desde el punto de vista técnico o electrónico sino de la pura lógica, las cosas se fueron aclarando. Se habló, ya entrado el año 98 de un fallo en el software de los ordenadores que toman los tiempos, fallo consistente en que leían el tiempo hecho por Villeneuve como el tope de tiempo realizable. Ello significaba que probablemente tanto Schumacher como Frentzen superaron ese crono del canadiense. Ese fallo se disimuló ante el fiasco que hubiera supuesto que en la cita final del mundial, cuando se decidían los puestos de la parrilla, se hubiera dado semejante pifia. Se optó por dar por bueno el triple empate, como mal menor y que incluso, si colaba, suponía un plus de emoción para la carrera.
A dicha conclusión, que no era aquello normal, llegaron también quienes aplicaban la simple teoría estadística y que establecía como de millonésima la posibilidad de la coincidencia que se pretendió dar como buena.
En cualquier caso, así quedó la parrilla para la historia.
Saludos, Bandini.