Juicio sumarísimo a Red Bull Racing

En el gran premio de CO-CO-CO-CO-COREA las gallinitas medrosas se hicieron esperar, pero una vez retirado el maldito coche de seguridad, la tragedia que de largo se venía gestando, llegó finalmente a término.


EL FISCAL

Con la venia, señorías, pongo el dedo acusador sobre este par de mentecatos porque, aunque el accidente de Webber pueda parecer a ojos poco analíticos un error de pilotaje indigno de quien aspira a proclamarse campeón, lo que en realidad hemos visto, es la innecesaria sobrepresión de tener que aguantar el altísimo ritmo de Sebastian Vettel, protegido de los acusados. Un Webber en pole o en disposición de ánimo diferente a la que Horner y Marko arrojan sobre él, jamás se habría visto patinando de la forma que lo hizo.
Asimismo, la preferencia interna hacia el alemán, públicamente conocida, lleva las simpatías del aficionado al rincón del australiano mientras que el favorecido siente que debe demostrar que no es la cuestión un antojo, sino que realmente él es mucho mejor piloto. Y es aquí donde incido: demostrar que se es: “mejor”, puede ser; a pesar de no ser fácil en una parrilla y en un box con tanto nivel, pero demostrar que se es: “mucho mejor”, es harto difícil, incluso incierto.
Esto lleva a que un monoplaza con la superioridad manifiesta del Red Bull, donde uno podría pilotar relajado hasta meta aunque fuese con el F-10 cerca, la opción elegida sea apretar la mecánica hasta el límite. Porque el acelerador de Vettel tuvo en Corea, sobre la posición de “a fondo”, una vuelta de tuerca más en posición: “aquí estoy yo”. Por eso reventó el primer Renault, y por eso considero culpables de ambos incidentes a los acusados.
Turno de réplica para abogados defensores.


EL FISCAL

Con la venia, señorías, pongo el dedo acusador sobre este par de mentecatos porque, aunque el accidente de Webber pueda parecer a ojos poco analíticos un error de pilotaje indigno de quien aspira a proclamarse campeón, lo que en realidad hemos visto, es la innecesaria sobrepresión de tener que aguantar el altísimo ritmo de Sebastian Vettel, protegido de los acusados. Un Webber en pole o en disposición de ánimo diferente a la que Horner y Marko arrojan sobre él, jamás se habría visto patinando de la forma que lo hizo.
Asimismo, la preferencia interna hacia el alemán, públicamente conocida, lleva las simpatías del aficionado al rincón del australiano mientras que el favorecido siente que debe demostrar que no es la cuestión un antojo, sino que realmente él es mucho mejor piloto. Y es aquí donde incido: demostrar que se es: “mejor”, puede ser; a pesar de no ser fácil en una parrilla y en un box con tanto nivel, pero demostrar que se es: “mucho mejor”, es harto difícil, incluso incierto.
Esto lleva a que un monoplaza con la superioridad manifiesta del Red Bull, donde uno podría pilotar relajado hasta meta aunque fuese con el F-10 cerca, la opción elegida sea apretar la mecánica hasta el límite. Porque el acelerador de Vettel tuvo en Corea, sobre la posición de “a fondo”, una vuelta de tuerca más en posición: “aquí estoy yo”. Por eso reventó el primer Renault, y por eso considero culpables de ambos incidentes a los acusados.
Turno de réplica para abogados defensores.