No sólo Fangio dijo que el G.P. de Alemania de 1957 había sido su mejor carrera como bien nos recuerda rojo5, también a nivel general es recordada como una de las mejores que se han disputado.
Ya que no la podemos disfrutar en video, bueno será recordarla a través de un par de artículos.
Fue la mejor carrera de todo el siglo.
Por Alfredo Parga Especial para La Nación Deportiva.
Está de moda la cuestión del milenio. Como si dependiéramos del milenio para poder seguir resolviendo nuestra vida, por ejemplo. Pero que el milenio tiene su fuerza es una cuestión fácilmente demostrable. Tanto que a mí me arrastró a pensar también, en tren de elegir, que podíamos haber elegido la carrera del siglo. Y que me perdone aquel que hubiera tenido semejante idea, pues se comprende que uno no puede digerir todo lo que se publica por todas partes.
Mi carrera es una, si de pistas se trata. Y no hago ningún descubrimiento, pero es el caso que el GP de F.1 de Alemania de 1957 sigue siendo un producto tentador para el editor que se precie. Aún de aquellas publicaciones con casi un siglo de papel y tinta que por el mundo todavía se leen.
Es que aquel GP tiene notorios encantos. La confrontación técnica inigualable entre tres marcas como eran Ferrari, Maserati y Vanwall, con debilidades incluidas. Ferrari calzaba Englebert, un neumático muy duro que soportaba la carrera, pero complicándoles el manejo a sus pilotos.
Maserati usaba el caucho más blando de Pirelli, que si bien le permitía rodar más rápido, en la contraprestación solicitaba el cambio porque se deshacía con la distancia. Y parar significaba perder tiempo. Vanwall era un auto en crecimiento que venía pitando fuerte y ganando. Por añadidura, Nurburgring, con sus 182 curvas, sumaba una topografía que trepaba y descendía dando vueltas como borracha, ofreciendo el banco de pruebas más duro que tenía la F.1 que como tal, era nueva.
En Maserati se verificaba que había que parar para cambiar las ruedas. ¿Entonces? Pues "hay que sacar medio minuto de ventaja para rematar el esfuerzo con posibilidades".
El mejor piloto de Maserati se compromete a sacar el medio minuto para poder ganar.
Y cumple. Cuando se detiene llevaba 29 segundos, pero sus mecánicos, hombres de carne y hueso, trabajaban nerviosos. Y demoraban 1m18s antes de colocar al coche número 1 nuevamente en pista. Su piloto tenía dos Ferrari adelante. ¿Cómo ganarles?
Había una manera. Mejorar una vuelta con otra. Sumar un récord tras otro. El piloto lo haría.
Era azuzado por su jefe de equipo, quien le aseguraba que sólo había una Ferrari adelante. Cuando el piloto alcanzaba la mejor posición, se topaba con dos coches en lugar de uno.
Y debería desbordar primero a uno y después al otro. Lo haría como si él no fuera de carne y hueso. Pero era Fangio. ¿Vanwall?La humillación técnica acentuaba su verde...
Aquel GP trastorna todos los cálculos que se hacen sobre el coeficiente de importancia que guarda un hombre con relación a la máquina. Lo normal dividía las aguas al 50 por ciento. En este caso es imposible hacerlo porque semejantes compensadores parámetros no sirven para medir lo que Fangio hacía aquel fantástico 4 de agosto. Una cosa que no volvería a ser hecha por otro hombre.
De aquella carrera se han escrito crónicas inolvidables y hasta poéticas. Me quedo con la síntesis que en 18 palabras trazaba uno de los dos hombres derrotados por Fangio:
Mike Hawthorn. "Inútil contenerlo; si no me hubiera corrido a un costado, el viejo diablo me hubiera pasado por arriba".
Fangio superando a Collins. Sólo queda Hawthorn.
En tanto que algunos pilotos planeaban correr las 22 vueltas sin detenerse, Fangio empezó con una carga ligera de gasolina, pues quería sacar una buena ventaja, y luego, a media carrera, repostar y cambiar neumáticos.
En las primeras 11 vueltas, rompió seis veces la marca de velocidad por vuelta y sacó una ventaja de 28 segundos. Pero en la siguiente, cuando entró con su Maserati a los pits, los mecánicos cambiaron los neumáticos con desesperante lentitud. Cuando Fangio retomó la pista, estaba 48 segundos atrás de los dos punteros, los británicos Mike Hawthorn y Peter Collins, que conducían sendas Ferraris.
Sólo faltaban diez vueltas. Al final de la recta principal había una curva poco cerrada donde la pista formaba un declive. En ese sitio, Fangio normalmente habría disminuido la velocidad a unos 240 kilómetros por hora, a fin de pasar rasando el desnivel en vez de brincarlo. En esa ocasión, empero, decidió mantener el pie en el pedal del acelerador. El Maserati se elevó en el aire unos centímetros. Al aterrizar, Fangio vio una nube de polvo por el espejo: había tocado suelo justo en la orilla exterior de la pista, así que pensó que podría ganar unos segundos en cada vuelta.
Entonces fue acercándose a los líderes. Vuelta tras vuelta, 100000 espectadores aplaudían y gritaban llenos de emoción cada vez que Fangio volvía a romper la marca.
Rebasó a Collins y luego, ya en la penúltima vuelta, se lanzó en pos de Hawthorn.
En una recta corta, éste se pasó al carril derecho para tomar la siguiente curva, y entonces Fangio lo rebasó por dentro. Sin aflojar la velocidad, mantuvo la delantera y llegó a la meta 3.6 segundos antes que el Británico. Había superado diez veces la marca de velocidad por vuelta y obtenido su quinto campeonato mundial.
Stirling Moss.